jueves, 21 de noviembre de 2013

LOS 1001 DISCOS QUE HAY QUE ESCUCHAR ANTES DE MORIR


EL NIDO DEL AGUILA MUSICA

LOS 1001 DISCOS QUE HAY QUE ESCUCHAR ANTES DE MORIR



Título: "1001 discos que hay que escuchar antes de morir"
Autor: Dimery, Robert
Editorial: GRIJALBO
Tamaño: 960 pgs (16.0x21.0 cm)
Precio: Entorno a 30 euros.


yo lo compre en 20 euros









El libro presume de ser la lista definitiva de los mejores discos de la historia, o por lo menos, de los que merecen ser escuchados (Como el caso de "Low" de David Bowie que no es un gran disco en si pero merece ser escuchado por lo que supuso en la evolución de Bowie y de la música de la época). Esta apreciación es muy importante ya que en el libro podemos encontrar algunos discos que... en fin, de "mejores" no tienen nada.

El libro de forma general es muy completo; una pequeña crítica de cada disco, lista de canciones de cada grupo (teniendo en cuenta el contenido del disco original, si en alguna edición posterior se añade alguna canción bonus se indica), fotografías y ficha técnica del disco. Si entramos un poco en detalle las críticas parecen como para salir del paso. No se centran demasiado e incluso he encontrado alguna en la que se habla más de otro disco que del criticado. Esas pequeñas críticas son útiles en muchos casos pero en ocasiones no dicen absolutamente nada, quiero pensar que los autores se vieron atrapados en el espacio que se les concedía en cada página.












Otro punto oscuro del libro se encuentra a medida que nos acercamos al presente. Si en los años 90 se hecha de menos algun disco, en la década 00 hay grandes olvidados y disparatadas menciones. Creo que todos los que hemos tenido la oportunidad de ver el libro con calma hemos alucinado al ver... bueno, a un par de ídolos adolescentes, y más nos hemos reido al leer el comentario que acompaña al disco. Ahora bien, imaginemos a una persona que nunca ha escuchado musica y debe escuchar esos mil y un discos, creo que no estaría de más que escuchase a Britney o a Justin ¿no?. No se va a morir y creo que algo aprenderá. Ahora, si nos salimos de esa pequeña posiblidad, no acabo de entender que hacen ahí esos "reyes" del pop.
          
He comprado el libro, lo he mirado a fondo y lo recomiendo. Es una herrramienta útil.
Espero que opineis.

Cuando os hablaba de este libro, ‘¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos’, dije que hay tres cosas en la vida que me apasionan: la literatura, el arte y la música. De la primera os hablo a menudo; de la segunda, en ocasiones como la reseña de ese libro; de la tercera, siempre que he tenido ocasión de traerla a colación respecto a la literatura lo he hecho, como cuando os hablé del disco de jazz basado en las obras de Paul Auster.
Bueno, el hecho es que soy un melómano irredento. Adoro la música, y lo único que me sabe mal de esta pasión es que en realidad ni sé solfeo ni puedo tocar instrumento alguno. Me gustaría, pero no he podido hasta ahora. Pero considero que de música algo sé. O lo consideraba antes de embarcarme en la cruzada musical que representa ‘1.001 discos que hay que escuchar antes de morir‘, de Robert Dimery y cuya última edición en rústica Grijalbo acaba de publicar.







 veréis que sólo en los últimos ocho años, he escuchado cerca de 125.000 canciones de casi 5.100 artistas diferentes. Eso es un montón de música, pensaréis. Puede ser, pero si comparamos mi experiencia con la lista que propone ’1.001 discos…’, veríais que hay una notable divergencia. De hecho, de la lista que proponen Dimery y sus colaboradores apenas he escuchado unos 150. Aunque, claro, mi intención al abordar esta espectacular obra es, con el tiempo, poder escuchar todos esos álbums.


Un libro con polémica


Como en toda guía de recomendaciones, está claro que al proponer una lista estás señalando una serie de preferencias subjetivas. Habrá algunas obras que, de forma objetiva, son importantes para la música porque significaron una piedra de toque, un hito en el camino, un punto y aparte que cambió un género o lo repensó. Pero en todo caso, la subjetividad de los críticos de Dimery está presente como no puede ser de otra manera. La última edición de ’1.001 discos’ llega hasta ¡2013!, es decir, hasta este mismo año, y personalmente me parece muy díficl poder decir qué discos que hayan salido en menos de nueve meses (serían once, pero el libro está en mi poder desde agosto-septiembre) pertenecen ya a la categoría de obras maestras que recordar para toda la eternidad. Pero bueno, tampoco los he escuchado, así que será cuestión de probar.

Así que os voy a dar mi opinión de esta brutal obra compilatoria de saber musical, desde mi punto de vista de melómano. Pero antes, supongo, deberíais saber de qué pie calzo. Yo no soy muy amigo del pop y en general de la música mainstream, tampoco empatizo mucho con el hiphop, la música electrónica o de baile. Para todo lo demás me considero bastante abierto en gustos musicales, e incluso con los estilos mencionados tengo muchas excepciones. Así que es desde este prisma sobre el que observo este libro.
Evidentemente, la selección no tiene por qué gustar a todo el mundo. La recopilación empieza a finales de los años 50 (entiendo que es porque se afianza la industria discográfica gracias a la radio fórmula, aunque ya estuviera presente mucho antes) y llega hasta este mismo año. Los títulos de los años 50 son sobre todo jazz y los inicios del rock. En los 60 emerge la figura del pop y destaca también el rock psicodélico y el folk; esta década resulta tan importante para la música que está sobradamente representada. Por ejemplo, sólo de 1967 contabilizo más de treinta discos. En la década de los 70, destaca el auge de los cantautores o el nacimiento del rock duro y el punk. Los años 80 y 90 brillan por su eclecticismo: música electrónica, pop, rock, el auge del grunge, etc. Finalmente, la última parte está dedicada a los discos desde 2000 en adelante.



Lo destacable:

  • ‘1001 discos’ abarca una gran panorámica de estilos y géneros, señalando hitos fundamentales y obras que, efectivamente, todo el mundo debería haber escuchado. Tiene la inteligencia de no plegarse a las modas y a la música más comercial (no encontraréis fenómenos de masas como Backstreet Boys, Britney Spears o Justin Bieber), pero sí recoger los trabajos de calidad, independientemente del éxito de público que cosecharan, lo cual creo que es un gran acierto. Así, cosas que sí encontraremos son trabajos de Radiohead, White Stripes o Nick Cave, por citar algunos artistas.

  • Se trata de una ingente cantidad de información. Cada álbum tiene su correspondiente ficha y un breve texto que sitúa la obra en el contexto tanto temporal como de la carrera de su autor, además de una pequeña justificación de por qué debe ser considerado como uno de los seleccionados. Las entradas se hacen amenas y fáciles de leer, y el libro puede convertirse en una fuente de consulta, pero también leerse de corrido como un libro más.
  • Se agradecen también índices por autor y obra, para encontrar fácilmente el disco que buscamos, aunque también podría haberse incluido uno por año.


Lo mejorable:

  • Al ser una obra coral, multitudinaria y erudita, la coordinación tiene que ser fundamental. Hay muchísimos datos, tanto en las reseñas, como en la información de cada disco, y he encontrado diversos fallos: tanto de traducción, como de ortografía, o de datos erróneos (años, títulos de canciones, portadas equivocadas). Aunque también hay que decir que son pocas en comparación con el esfuerzo que supone tamaño libro.
  • Es cierto que la música popular contemporánea ha estado en manos del rock, y, consecuentemente de autores y bandas angloparlantes, pero con todo, echo de menos en la selección algo más de presencia de artistas de fuera de Estados Unidos o Gran Bretaña. No ya de España (que, francamente, no sé qué tendría para ofrecer en esta lista de forma objetiva), pero sí de Francia, Italia, Suecia o Cuba, por citar algunos países.
  • Tengo la impresión de que algunos artistas están sobrerrepresentados en esta lista (P.J. Harvey, David Bowie), mientras que otros, por muy importantes que hayan sido en su estilo (Misfits, Christian Death, Kyuss…) no aparecen. Aunque, evidentemente, me hago cargo de que no pueden aparecer todos los estilos musicales existentes.
Realmente, habría muchísimo más que decir de este libro, pero, como hemos dicho antes, toda selección implica subjetividad, y eso a su vez implica no poder contentar a todo el mundo. Lo resumiré con una frase típica: no están todos lo que son, pero son la mayoría de los que están. Y desde luego, ‘1001 discos que hay que escuchar antes de morir’, es toda una obra de referencia para los melómanos y los interesados en la música, que encontrarán en ella una fuente inagotable de nuevas sensaciones.





‘1001 discos que hay que escuchar antes de morir’

Robert Dimery (Ed.)
Grijalbo, 2013.
Tapa blanda con solapas. 960 pgs. 19,90€
ISBN: 9788425350887


libro muy grande, con mucha informacion, lo recomiendo.







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